El pasado jueves 19 de noviembre, a las 12 del mediodía en la ciudad de Valencia, los bomberos evacuaron por el balcón del primer piso de un edificio a un hombre que había sufrido un infarto para que fuera trasladado al hospital por un SAMU. Los vecinos se mantuvieron impasibles. Era el enésimo incidente que se registraba en la puerta uno del bloque situado en el número 109 de la avenida Primado Reig.

La vivienda, como detallan con total certeza los residentes a LAS PROVINCIAS, se convirtió en 2009 en un prostíbulo. Éstos denunciaron ante la policía todos los problemas que les está causando el negocio sexual en la casa, pero un juez archivó el caso por considerar que el hecho denunciado no es constitutivo de delito penal.

Los vecinos están hartos y se sienten impotentes. Sus quejas comenzaron en junio de 2009, cuando la gestoría de la primera planta se convirtió en un local de alterne. Desde entonces sufren el tráfico incesante de personas, llamadas al timbre a altas horas de la madrugada, sobre todo los fines de semana, y enfretamientos entre los habitantes del bloque y los usuarios y arrendatarios del prostíbulo. En diciembre del mismo año, la comunidad de propietarios puso estos hechos en conocimiento del Ayuntamiento de Valencia sin recibir respuesta alguna.

El 1 de mayo de 2010, como ya informó este periódico, se produjo un incendio en la casa de citas causando una densa humareda que afectó a cinco personas y obligó a evacuar el inmueble y a intervenir a los equipos de emergencias. La comunidad critica también la actuación de los alquilados de la puerta uno aquel día, ya que, al percatarse de las llamas, abandonaron el piso sin avisar al resto de viviendas. Fue la policía quien tuvo que hacerlo después.

Seis días más tarde del incidente con el fuego, los residentes cursaron una nueva denuncia sin resultado ante la administración de Hacienda con el fin de investigar la actividad que se desarrolla en la primera planta. Durante ese tiempo se dio cuenta de todo lo acontecido al arrendador de la casa, que no intentó remediar la situación, y se cursaron numerosas quejas telefónicas a la policía por parte de los vecinos.

A peor

En el presente año, las molestias aún son mayores, «han ido a peor», dicen los residentes. Ya que, al parecer, el inquilino del prostíbulo también alquiló un bar en la planta baja y durante un tiempo sospecharon que la casa se usaba como almacén.

«El timbre no dejaba de sonar. Tuvimos que aguantar a borrachos a todas horas del día. Pateaban mi puerta creyéndose que no les queríamos abrir e incluso cuando mi mujer lo hacía, pensando que era yo, entraban», cuenta Damián Amato, de 40 años. Vivía junto a su esposa y sus dos hijos de 8 y 4 años en la puerta dos del edificio. Pegado a la casa de citas. Se instalaron en 2002 y tuvieron que mudarse el pasado mes de agosto porque su vida allí se volvió «insoportable».

Amato cuenta que en el domicilio trabajan mujeres de diferentes nacionalidades que ofrecen servicios sexuales a cambio de dinero.

«No hay ninguna voluntad por cambiar esta situación. Mi mujer tenía mucho miedo al volver a casa porque no sabía con quién se iba a encontrar en la puerta. Acude gente 24 horas al día los 365 días del año y no en sus mejores facultades físicas y psicológicas», añade. La comunidad espera que el ayuntamiento tome cartas en el asunto y acabe clausurando el negocio, del que se desconoce si tiene o no licencia.

 

FUENTE: LAS PROVINCIAS

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