Hasta que la comunidad de propietarios nos separe

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La comunidad de vecinos La Colmena no gana para disgustos. Pero esta vez no se toca el bolsillo de todos los residentes. Sólo el del matrimonio presidencial. Aunque los problemas se remontan a meses atrás, ningún vecino, ni siquiera Paquita, había notado un comportamiento distinto en esta pareja. Tampoco se explican cómo han podido convivir bajo el mismo techo durante los últimos meses. Sí, Mariano, el flamante presidente, y  Mariana han llegado a un acuerdo de cese temporal de la convivencia, tal como se lo han hecho saber a Gregorio, el administrador.

Como es reciente, siguen compartiendo la vivienda hasta que Mariano, dice su ya ex mujer, atienda sus obligaciones como presidente de la comunidad y pueda abandonar la comunidad sin ninguna atadura.

Reunidos con Gregorio, le han informado que, según el convenio regulador establecido por el juez, desde el momento en que hagan vidas separadas, Mariana, como usuaria de la vivienda, tendrá que pagar los gastos ordinarios de comunidad en su totalidad, pero que cuando se giren derramas, como es el último recibo emitido, el pago será al 50% por considerarse que son gastos que benefician a la propiedad.

«Únicamente tendrás que pasarme el 50% del recibo de la derrama, pues así lo ha establecido el juez», le intenta explicar la presidenta en la sombra a Mariano.  «Si no es así, me negaré a pagar», insiste al administrador. Con más paciencia que un santo, Gregorio les tuvo que rebatir, pues con independencia de la sentencia de divorcio, no está obligado a girar recibidos de forma separada a cada uno de los copropietarios, sino un único recibo por propiedad. «Es lo más coherente para evitar problemas de morosidad«, justificó. «¿Qué ocurriría si tuviese que girar recibos distintos a un casero y a su inquilino? ¿Y si no paga alguno de ellos? Pues es el mismo caso», aclaró.

Asimismo, el administrador les recordó que la ley establece que en caso de pro indiviso deberán nombrar a un representante para asistir y votar en las juntas, así como informarle si continúa mandando las notificaciones a la misma dirección y girando los recibos al mismo número de cuenta. «En caso contrario», insistió, «me lo tenéis que notificar con tiempo».

Mariana no pudo más que exclamar: ¡Mariano, hasta que la comunidad nos separe!

Fuente: el mundo.es «Historias de una escalera»
Autor: Juanjo Bueno

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